Como se puede observar, en la época de su construcción no se preocupaban demasiado por las barreras arquitectónicas; tiene un buen tramo de escaleras por cada lado. Se trata de una pasarela exclusivamente peatonal que siempre ha estado reservada a caminantes con piernas sanas.
Para gentes de bielas flojas y vehículos sobre ruedas, había más abajo un paso a nivel encantador, con su casita del guarda-agujas con huerta, higera y gallinero, que fue sustituida por un paso subterráneo de lo más sórdido.
Estoy seguro de que en un plazo no demasiado largo también desaparecerá este puentecito. Por ser barrera arquitectónica, porque está hecho una ruina, y porque hay nuevos planes para el barrio y su infraestructura ferroviaria.
He llegado a tiempo con las fotos. Cuando derribaron la casita del paso a nivel yo no tenía cámara... ni nostalgia. Sólo para eso sirven las fotos: para alimentar la nostalgia. Porque no nos devuelven aquellos lugares, sólo una imagen minúscula y plana. Los hitos físicos, los referentes del paisaje, van cambiando y uno se acerca a su barrio de la infancia y ya no está el paso a nivel, ni la tienda de Badillo, ni la fábrica de gomas, y debe adaptarse año tras año a los nuevos lugares, y aprender los nuevos nombres. Hasta que un día se harta, ya no encaja las novedades, y entonces es que uno ya se ha hecho irremediablemente viejo.
¡Ah! ¿Que cuál es el barrio? Anda díselo, Juli Gan.